viernes, 5 de noviembre de 2010

Capítulo 1. Parte 3.

Afilado.

Voy hacia la puerta, la empujo, pero no se abre. Está atascada, aunque seguramente la hayan atrancado a posta.

-No, no, no-esto es horrible.

El chico está sentado tan tranquilo en el bordillo de la acera.

Me apoyo contra la puerta y me quedo mirándolo. Es muy rarito, especial diría yo. Seguramente no tendrá muchos amigos.

-¿Cómo te llamas?-Le digo.

Se queda un momento pensando y su respuesta me hace reír por primera vez en todo el día.

-Viento.

Me enfado. ¿Qué pasa? ¿No se toma nada en serio o qué?

No aguanto más. Los zombies pueden llegar en cualquier momento y comernos, mientras unos estúpidos que están dentro de un edificio a salvo observan.

Golpeo la puerta y grito que no somos zombies, que estamos bien, y pido que nos abran.

Pasa un momento y abren la puerta. Viento llega hasta a mí y señala una pequeña cámara que hay en un lateral de la puerta. La puerta se abre muy poco y una voz masculina dice:

-Pasad.

Entramos. Parece que la policía ha hecho su trabajo. Las ventanas están cubiertas con maderos, como en las películas, y la puerta muy bien atrancada. Aunque no es que haya mucha gente. El hombre que nos ha abierto nos conduce hasta una pequeña sala donde hay un sofá parecido a los de las salas de espera de los hospitales.

-Esperad aquí-nos dice, y se va.

Me acuesto ocupando el sofá entero, y Viento se sienta en el suelo apoyando la espalda contra el sofá, muy cerca de mi cara.

-¿Qué hora es?-Digo.

-Las doce.

-Ah.

-¿Te puedo preguntar algo?

Se gira, y me mira fijamente. Me da un poco de miedo.

-Vale.

-¿Qué vas a hacer ahora?

-¿Cómo?

-Quiero decir… ¿Qué vas a hacer para sobrevivir? ¿Cómo te las vas a arreglar? ¿Te has dado cuenta en qué situación vamos a vivir a partir de ahora?

-No todo tiene que ser como en la ficción, puede que lo arreglen.

-Sí… seguro.

-¿Y tú que sabes?

-Está claro que si esto ha llegado a nuestro pueblo, todas las zonas de alrededor estén igual. ¿Cuál habrá sido la causa?

-No me importa. Simplemente quiero vivir.

-¿Cómo? Yo me he puesto un objetivo; Mantenernos a salvo, los dos. Si estás solo, no durarás mucho vivo.

Me callo y me giro, pero noto que Viento está sonriendo.

Decido intentarlo. Me giro y le sonrío. No todo tiene que ser tan malo después de todo.

-¿Cuánto crees que viviremos?

-Unos 90 años.

Me incorporo, miro al techo y sonrío.

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